Cómo hacer que la responsabilidad social genere riqueza para la empresa.

En este podcast hablamos de cómo empresas visionarias están generando riqueza para ellas y la sociedad al construir un ecosistema económico, político y social que favorece el crecimiento de empresas sólidas sustentadas en una sociedad fuerte.

Escucha aquí el programa transmitido el 18 de abril 2012

Transcripción

Pregunta: ¿Qué se requiere para que la filantropía y las prácticas de empresa socialmente responsable realmente fortalezcan a la empresa y al país?

  • Invertirles más dinero.
  • Hacer que estas prácticas generen riqueza para la empresa.
  • O delegarlas a institutos especializados.

Respuesta: Para que la filantropía y la prácticas de empresa socialmente responsable realmente fortalezcan a la empresa y al país hay que convertirlas en generadoras de riqueza. Hay que entender que es muy difícil desarrollar empresas fuertes en medio de una sociedad débil.

¿Cuál es el reto?

El problema es que la mayoría de las empresas y sus ejecutivos siguen operando bajo un supuesto de creación de valor estrecho y anticuado. Aunque participan en acciones de filantropía y “responsabilidad social” siguen pensando que el fin del negocio es generar ingresos a corto plazo. Esta visión hace que dejen de ver necesidades reales de sus clientes al igual que diversos factores del entorno que le pegan al negocio en el corto, mediano y largo plazo.

Por lo tanto, al considerar que las acciones de filantropía y del distintivo de “empresa socialmente responsable” son periféricas a la razón de ser negocio los convierten simplemente mecanismos para darse buena conciencia y cómo medios de mercadotecnia y de publicidad.

Detengámonos un momento a pensar en los costos ocultos del cortoplacismo.

Por ejemplo, genera problemas por empleados mal preparados y desmotivados que conllevan al retrabajo, a accidentes caros e innecesarios, al ausentismo e incluso en algunos casos a la corrupción. Sumémosle procesos obsoletos que generan desperdicios de energía y recursos naturales al igual que contaminación que en mayor o menor grado generan estragos en las poblaciones donde operan las empresas y contribuyen al cambio climático que está provocando cada vez más desastres naturales costosísimos. Lo que es más, esta visión empresarial estrecha también contribuye a una sociedad desarticulada llena de gente pobre en el campo y  jóvenes sin empleo en la ciudad. Y mientras que las empresas se pelean entre si para arrebatarse los centavos, pierden de vista los pesos que están sobre la mesa que podrían obtener al unirse y fortalecer la competitividad de la nación frente al mundo exterior.

Entonces ¿Qué pasa cuando se cambia la idea de que el fin del negocio es simplemente generar ingresos a corto plazo, por un concepto más profundo como el  que la sustentabilidad del negocio y el progreso social son indivisibles? Pues sucede algo totalmente nuevo que trasciende la filantropía y los conceptos acotados de la empresa socialmente responsable. Se fincan las bases para una simbiosis empresa / sociedad que crea un círculo virtuoso que genera riqueza para todas las partes involucradas.

Por eso ha llegado el momento de redefinir el quehacer empresarial, para transformarlo de algo cerrado y umbilical a algo incluyente y colaborativo. Hay que empezar por comprender que un negocio requiere de una comunidad exitosa, no simplemente para generar demanda por sus productos y servicios, sino para generar los recursos vitales para su desarrollo.

El gran cambio de paradigma radica en ver la creación de valor no solo al interior de la empresa como la ecuación de ingresos menos gastos, sino de verla como un ecosistema económico, político y social que constituye las bases para un negocio con raíces sólidas sustentado en una sociedad fuerte.

Esto nos llevará a cambiar muchas ideas preestablecidas, como pensar que conviene comprar insumos del proveedor más barato independientemente de dónde se encuentra en el mundo, e incluso trasladar la fabrica ahí, para responder a las presiones cortoplacistas de los accionistas, porque el nuevo paradigma incluye en la ecuación  el extraordinario valor que obtiene la empresa al desarrollo el mercado local.

Déjenme darles un buen ejemplo de una empresa que está construyendo una gran cadena de valor que beneficia al productor, la sociedad, la empresa y el consumidor.

Se trata de Nestlé la mayor empresa agroalimentaria del mundo. Ellos han integrado al pequeño cafeticultor a su cadena de valor dándole formación, insumos, tecnología y financiamiento, lo cual les ha permitido  asegurado una producción de café de la más alta calidad para su producto premium Nespresso que desde el año 2000 crece a un ritmo  anual del 30% . Su actitud visionaria han demostrado que es mucho más rentable elevar la productividad del cafeticultor que buscar el mejor precio.

Específicamente Nestlé estableció un mecanismo para poder evaluar directamente en el campo la calidad del grano ofrecido por cada pequeño cafeticultor. Lo que le ha permitido pagar más por el mejor café.   Y con ello han desarrollado un verdadero sistema ganar-ganar-ganar. Gana el cafeticultor porque ahora tienen un verdadero incentiva para aprender y esmerarse para aumentar su calidad. Gana la sociedad porque se combate la pobreza extrema al mismo tiempo que reduce el impacto ambiental de malas prácticas agropecuarias.  Y gana Nestlé porque asegurar un suministro de café de la más alta calidad que lo seguirá distinguiendo cómo el proveedor del mejor café del mundo.

En México están invirtiendo $15 millones de dólares para establecer aquí su primer centro Nestlé de propagación masiva de plantas de café en un país productor. Para ello  ha creado una auténtica cadena de valor que incluye  a empresas nacionales cómo AGROMOD, instituciones gubernamentales como el INIFAP, al igual que ONG, asociaciones del gremio y de sustentabilidad para unir esfuerzo y que cada una aportar lo mejor que tiene. Su objetivo es formar a 20,000 cafeticultores y entregarles a lo largo de 10 años más de 30 millones de plantas que ayudarán a mejorar la producción y sus ingresos.

Este tipo de acciones que integran a empresa privada, asociaciones, ONGs y gobierno a favor del desarrollo de las comunidades son para mi ejemplos de empresas inteligentes que están desarrollando modelos de filantropía y empresa socialmente responsable de verdad.

Yo invita a mis amigos empresarios a inspirarse en este caso y darse cuenta que la solución para construir el país que todos deseamos está a la mano. Simplemente hay que cambiar el paradigma cortoplacista de lo que es la misión de la empresa y ponernos a trabajar decididamente entre todos para construir una fuerte cadena de valor mexicana que integre empresarios, PyMEs, asociaciones, ONG, Universidades, y gobierno.

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