Cómo hacer que le bajen los microbusceros

Muchas veces pasamos por alto el poder que tenemos los ciudadanos para transformar conductas incoherentes, por la forma en al que manejan los microbusceros. En este podcast presento un caso de éxito de cómo meter orden en forma barata, fácil de implantar y muy eficiente.

Escucha aquí el podcast del programa transmitido el 9 de enero 2013.

Transcripción

¿Cuál es la mejor forma de disminuir los accidentes de microbús?

  • Poner más topes en las calles.
  • Exigir que los pasajeros usen cinturón de seguridad.
  • Desplegar más retenes de alcoholímetro para asegurar que los choferes no anden tomados.
  • O algún otra solución que se les ocurra.

Pues acabo de leer un interesantísimo estudio de campo que realizaron dos economistas de la Universidad de Georgetown, James Habyarimana y William Jack en República de Kenia en Africa, dónde existe una de las tasas más altas de accidentes de microbuses en el mundo. Lo que ellos hicieron fue algo totalmente diferente a topes, cinturones o alcoholímetros. Ellos  incentivaron a los pasajeros del microbús a alzar la voz y a quejarse enérgicamente cuando el chofer manejaba irresponsablemente. *Incluyo una liga al estudio al final del podcast.

Resulta que no sólo en México se da ese extraño fenómeno de transformación cuando una persona aparentemente normal se sientan detrás del volante de un microbús. También en Kenia, se da que jóvenes que en su vida diaria son personas respetuosos y apacibles, al momento de sentarse  detrás del volante del microbús son poseídos por un furiosos demonios correcaminos que los incita a pisar el acelerador y rebasan sin piedad los límites de velocidad, poniendo en riesgo su vida y las de todas personas que llevan abordo.

Este es sin duda un fenómeno preocupante, no únicamente en México sino en el resto de los países  en vía de desarrollo porque  la tasa de pasajeros que mueren en accidentes de transito en microbús esta creciendo alarmantemente.  Se estima que para el 2030 más gente morirá por causa de la irresponsabilidad de los choferes de microbús que por SIDA, guerras o diabetes.

Y es por eso que estos economistas de la Universidad de Georgetown decidieron hacer un experimento en Kenia para explorar una posible solución. ¿Qué pasaría si en vez de que fuese el gobierno que intentara imponer medidas correctivas fuesen los mismos pasajeros del microbús?

Se preguntaban será posible empoderar al consumidor y motivarlo a exigir respeto por parte de los prestadores de servicio a los cuales les está pagando para transportarlo.

Para averiguar reclutaron a  2,276 choferes de microbús y los dividieron en dos grupos. Choferes cuya placa de vehículo terminaba en número par y choferes de vehículo cuya placa terminaba en número non. Los nones se convirtieron en el grupo de control, esto es el grupo que seguiría su vida normal y que serviría como norma para medir el resultado del estudio.

Una vez que despacharon al grupo de control, le explicaron al grupo de estudio que todo lo que requerían de ellos era que les permitieran pegar en su unidad cinco calcomanías y que las dejaran ahí a lo largo de un año. Accedieron y la prueba inició.

Ahora, dentro de cada microbús del grupo de estudio habían cinco calcomanías pegadas en lugares muy visibles que invitaban a los pasajeros a alzar la voz si el chofer manejaba en forma irresponsable. Algunos de las calcomanías eran simplemente texto, otras incluían fotografía. Por ejemplo una de las calcomanías de texto decía “No te quedes sentado mientras él pone en riesgo tu vida! Párate. ProtestaYA!” Otra decía “¡Qué, te vas a quejar después de que provoque un accidente! Párate. Protesta YA!” Otros estaban más gruesos: mostraban la foto de una pierna o un pie sangriento desprendido del cuerpo y bajo la foto decía: “El resto de él sobrevivió al accidente del microbús” Y la calcomanía exclamaba “Atento. Firme. Protesta si el chofer está manejando en forma irresponsable, ó a la mejor el resto de ti no sobrevivirá al día de hoy”.

Entonces, a lo largo del siguiente año permanecieron las calcomanías invitando al los pasajeros a alzar la voz. Y los primeros indicios parecían alentadores. Resultó que los pasajeros en los microbuses con las calcomanías eran tres veces más propicios a quejarse que los pasajeros en los microbuses sin calcomanías.

Pero la verdadera pregunta era si estas protestas de los pasajeros realmente servían de algo. Si el haberlos incentivado a levantar la voz y quejarse evito accidentes y pérdidas de vida.

Al concluir el año los investigadores fueron con las compañías aseguradoras que atendían a los microbuseros  y se echaron un clavado en las bases de datos para comparar el número de accidentes del año pasado contra el número de accidentes del año antepasado. ¡Los resultados eran extraordinarios! En el último año el número total de accidentes de microbuses con calcomanías había disminuido a la mitad en comparación al número de accidentes de microbuses sin calcomanías. Y lo que era todavía más alentador era la disminución en el número total de accidentes graves que pudiesen incluir alguna pérdida de vida. En estos caso los accidentes disminuyeron  en dos terceras partes.

Finalmente para cerrar el círculo, los investigadores fueron a entrevistar a los choferes de los microbuses con calcomanías y les preguntaron: ¿Qué paso? ¿Porqué bajaron tanto los accidentes? Y ellos respondieron que cuando el pasaje se alborota y empieza a quejarse ellos no tienen más remedio que bajarle a la velocidad.

Entonces, la reflexión de hoy: Al inicio de comentario pregunté cual era la mejor forma de reducir los accidentes de microbús y di cuatro opciones: topes, cinturones, alcoholímetro, u alguna otra que se les ocurra. Las primeras tres opciones eran por donde normalmente nos vamos, que son medidas caras y extrínsecas que parten de la idea que le toca al gobierno poner en orden al transporte público. Y es precisamente por eso que traje a la mesa este caso. Muchas veces pasamos por alto el poder que tenemos los ciudadanos y que al ejercerlo con determinación logramos soluciones más rápidas, profundas y duraderas de lo que puede lograr el gobierno por si solo. Se me hace importante este caso porque presenta una solución baratísima, fácil de implantar y muy eficiente.

Yo creo firmemente que este es el momento de México y que todos y cada uno de nosotros estamos llamados a levantar la voz, y a sumar voluntades para construir el país civilizado que todos añoramos. ¿Se imaginan si replicáramos esta campaña en la Ciudad de México empoderando al ciudadano a alzar la voz ? Este es un pequeño proyecto que puede inyectar coherencia y ánimo entre los habitantes de la ciudad. Hoy más que nunca requerimos pequeñas victorias que nos llenen de ánimo para volver a creer en nosotros y disparar la grandeza de México y este programa puede ayudar a fortalecer el tejido social a favor de la unidad, del orden y del respeto humano.

Yo invito al gobierno de la Ciudad de México y en especial a Miguel Ángel Mancera a revisar este caso que le estoy mandando el día de hoy y a que juntos promovamos una campaña de empoderamiento ciudadano. Ha llegado el momento de juntar voluntades. Es el momento de un México unido en le cual el gobierno, los empresarios y los ciudadanos trabajemos juntos a favor de esta gran nación. Qué dices Miguel Ángel, ¿Te apuntas?

¿Y qué dices tú? ¡Apúntate y cambiemos a México una voluntad a vez!

*Liga al Estudio de la Universidad de Georgetown.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: