¿Comes para vivir o vives para comer?

En este podcast analizamos la primera parte de los hallazgos del estudio más completo que se ha realizado sobre la nutrición a nivel global en el cual se revela que el consumo excesivo de proteína animal puede estar detrás de muchos padecimientos de la vida moderna como el alto colesterol, los infartos, la diabetes, algunos tipos de cáncer e incluso el Alzheimer.

Escucha aquí el programa transmitido el 27 de marzo 2013.

Transcripción

Pregunta:  ¿Cuál de los siguientes alimentos puede favorecer el desarrollo del cáncer en nuestro cuerpo?

  • La leche
  • La carne
  • La soya

Pues de acuerdo al Dr. T. Colin Campbell el director del estudio sobre nutrición más grande que se ha hecho en el mundo, son los producto de origen animal como la leche y la carne que pueden favorecer el desarrollo del cáncer en nuestro cuerpo.

Acabo de terminar de leer su libro “The China Study” que me movió el tapete GRUESO.

Aprendí dos cosas que no sabía.

  1. La primera es que lo que comemos prende y apaga el cáncer latente en nuestro cuerpo.
  2. Y que el tener el colesterol alto no sólo aumenta nuestro riesgo de sufrir un infarto, sino que también está relacionado con un alarmante número de padecimientos de la vida moderna como el cáncer, la diabetes, la esclerosis múltiple y e incluso el Alzheimer.

El estudio concluye que al bajar el colesterol por debajo de los 170 mg/dl baja en forma radical la incidencia de estas enfermedad y que la única forma de hacerlo es reducir al máximo o incluso eliminar de nuestra dieta los productos de origen animal.

Déjame platicarte un poco de este polémico científico y su vida extraordinaria.

El Doctor T. Colin Campbell creció en un rancho lechero en Pennsylvania, Estados Unidos, dónde producían, lo que él creía, era el alimento más perfecto de la naturaleza; la leche de vaca.  Desde muy joven se interesó en la nutrición y estudió bioquímica nutricional.

Al aprender de los terribles problemas de desnutrición que existían en los países del tercer mundo se embarcó en lo que el consideraba que sería la misión de su vida, encontrar una mejor forma de alimentar a los pobres del mundo a base de nutrientes alto en proteína animal.

Su pasión e inteligencia lo ayudaron a crecer rápidamente. Y a muy temprana edad fue nombrado el asesor en jefe del instituto nacional para la investigación del cáncer, al igual que obtuvo un asiento como profesor en  la institución más importante en investigación bioquímica de la unión americana, la Universidad de Cornell. Y más adelante tiene el honor de ser el investigador en jefe del “China Study” el estudio sobre nutrición más profundo que se haya realizado a nivel mundial.

Al abocarse de  lleno a la investigación se puso a realizar diferentes experimentos con ratones blancos, para tratar de potenciar la nutrición en base a proteínas de origen animal como la leche para reducir enfermedades como el cáncer. Y descubrió algo inesperado. Resultó que la leche no eran tan buenos para la salud como parecían.

Fíjate lo que pasó.

Para arrancar el experimento tomó doscientos ratones blanco  y los inoculado con un agente que provoca cáncer hepático. Y después los dividió en dos grupos.

Al primer grupo lo alimenta con una cantidad alta de proteína animal similar a lo que consumimos los humanos aquí en occidente equivalente al 20% de nuestro ingreso calórico. La proteína que utilizó era caseína, la proteína de leche de vaca.

Al otro grupo lo alimentó con una dieta mucho más baja en proteína animal de sólo el 5%.

¿Qué sucedió?  Pues sucedió algo inesperado y extraordinario. Los ratones blancos tienen una vida promedio de dos años.  Y resulta que el 100% de los ratones que fueron alimentados con un 20% de proteína animal desarrollaron el cáncer y se murieron antes de cumplir dos años de edad, mientras que el otro grupo que fue alimentado con sólo un 5% de proteína animal no desarrollo el cáncer y lo que es más a los dos años de edad estaban vivos, aparentemente alegres, haciendo ejercicio y ostentando con un pelo liso y brillante.

¿Te imaginas? Estamos hablando de un resultado insólito del 100% contra cero. Esto es el 100% de los ratones que consumieron mucha proteína animal estaban muertos y  el 100% de los ratones que consumieron poca proteína animal estaban vivos.  Sin duda llamó la atención e incitó a más pruebas.

Ahora el Dr. Campbell se pone a jugar con los variables. Arranca con una segunda camada. La estrategia es ir cambiando la alimentación entre los dos grupos de ratones. Y aquí confirma que la alimentación es la clave para la salud. Resulta que al bajarle el consumo de proteína animal al primer grupo de ratones que ya estaban manifestado los tumores cancerosos se alenta su propagación e incluso en algunos casos se contenía su desarrollo. Mientas que en el otro grupo que había consumido una dieta muy baja en proteína animal y se encontraban sanos, al cambiarles la dieta se dispara el crecimiento de los tumores carcinógenos.

Sigue con sus estudios, ahora para determinar si el disparo de los tumores era causado por cualquier tipo de proteína o específicamente por proteína de origen animal prueba con una tercera camada una alimentación al 20% con proteína de origen de planta como soya y trigo, y no pasó nada. Más bien si pasó algo. Mientras la proteína animal aumentaba el colesterol en la sangre y el crecimiento de los tumores, la proteína de las plantas baja el colesterol y apacigua el desarrollo de los tumores.

Finalmente se llega a preguntar que pasa si bajamos al máximo o incluso suprimimos el consumo de proteína animal en nuestra dieta. Pues resulta que una persona puede obtener todos los nutrientes que requiere el cuerpo de los diferentes componentes de las plantas, como hojas, flores, frutas, tallos, semillas y raíces, salvo la vitamina B12 que viene exclusivamente del reino animal que se puede adquirir consumiendo muy poca carne o mediante un suplemento vitamínico.

Uno de los nuevos adeptos y promotores de este concepto de una dieta baja en proteína animal es el expresidente de Estados Unidos Bill Clinton que dice “después de dos infartos he adoptado una nueva dieta basada en plantas. Esto ha hecho que  baje rápidamente 24 libras y regrese al peso que tenía cuando estaba en la universidad”. Al igual dice que se siente nuevamente lleno de energía y con renovadas ganas de vivir.

No se tú, pero yo quiero vivir una vida tan plena como sea posible y evitar hasta donde se pueda tener que enfrentar una de esas terribles enfermedades debilitantes, que nos van consumiendo lenta y dolorosamente. Si hay una mejor forma de morir y de vivir pues yo la quiero conocer, entender y abrazar. ¿Y tú qué opinas?

En nuestro próximo podcast veré contigo datos específicos del estudio sobre el efecto de la proteína animal  en seres humanos. Hasta entonces.

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Una respuesta

  1. Muchas gracias, excelente el artículo. Verdaderamente nos da para reflexionar y cuestionarnos sobre la alimentación que tenemos. No es que pretendamos vivir por siempre, pero el tiempo en el que habitemos la tierra, procuremos la felicidad para ponerla al servicio de nosotros mismos y de quienes nos rodean, sintiendo que somos útiles y que hasta el momento en que el Creador nos de la vida, podamos vivirla a plenitud.

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