¡Celebra la vida!

Hoy quiero hablar del cuerpo y del alma y del sentido profundo de celebrar la vida.

Acabo de descubrir a un escritor, poeta y filósofo celta que me encantó. Se llama John O’Donohue y me gustaría compartir contigo un poco de lo que me enseño.

Para los celtas el alma no es algo que está fuera del cuerpo, sino que el cuerpo es algo que está dentro del alma. Cada uno de nosotros somos la encarnación del espíritu de Dios y nuestro cuerpo es un templo.

Me encanta esta visión porque acaba con la idea de la separación del cuerpo y del alma. Para ellos el hecho de que el cuerpo está dentro del alma le confiere al cuerpo una sentido místico profundamente sagrado.

Otro aspecto que me encantó es que para los celtas los sentidos son oración.

Para ellos la sensualidad es algo bello. No es algo vulgar y vergonzoso, sino que es algo alegre y luminoso. Es la manifestación más pura de la vida. Es la comunión mas íntima con Dios que se da a través de los sentidos. Y de acuerdo a su visión de la vida, el placer es un tributo a nuestra dignidad como seres humanos.

Ellos creen que los sentidos nos revelan lo divino en el aire, el sol, el agua y la tierra, al igual que lo divino en cada uno de nosotros.

Algo que he constatado a lo largo de mi vida es que cuándo la desarrollamos y vivimos a través de nuestros sentidos se derrite la tensión y vemos el mundo con mayor dulzura. De pronto se disipa la distancia entre tú y yo y nos reconocemos todos como hermanos y hermanas. Ya no nos sentimos huérfanos, exiliados y solos, sino parte de una bella familia que hay que celebrar.

Probablemente el dolor más profundo que cualquiera de nosotros puede sentir es causado por la ilusión de la separación. Un sentimiento de orfandad infernal. Para lidiar con él nos envolvemos en el ego y nos convertimos en seres fríos y cínicos o aún pero, en personas agresivas y desalmadas.

Por eso hay que aprender a sentir. A profundizar con la sensación. A escuchar la voz del dolor que nos ocasiona la ilusión de la separación y comprender que este dolor es nuestro amigo porque es el cincel de la conciencia socavando la coraza de nuestro ego para liberarnos de su opresión.

Otro punto que hace O’Donohue es que de niños nos enseñan muchos de los aspectos de la naturaleza del pecado, pero rara vez se nos enseña que el pecado más grande que podemos cometer es desperdiciar nuestra oportunidad de vivir una vida plena.

Parece que todo a nuestro al rededor está diseñado para que nos preparemos para vivir. Nos dicen, estudia para conseguir un buen trabajo y después nos dicen trabaja para ahorrar para un buen retiro. ¿Y la vida? Desgraciadamente demasiada gente llega al final de su vida diciéndose a si misma, si sólo tuviese un año más para hacer lo que siempre he querido. Y sin embargo, debido a que se la pasó postergando lo que le suplicaba su alma, el momento de entregarla llegó y con ello el fin de la oportunidad de vivir una vida significativa. Que tristeza. ¡Que pecado!

Tantas de las supuestas razones que nos limitan para vivir una vida plena son falsas. Son meras ilusiones que hemos fabricado en nuestra mente. No existen realmente esas barreras. Por lo tanto, nunca debemos dejar que el miedo o las metas que nos imponen los demás fijen las fronteras de nuestro destino.

Dios, la creación o la madre naturaleza, como tú la quieras llamar, es abundante y generosa y nos toma bajo su ala y nos apoya con todo lo que necesitamos si simplemente nos arriesgamos a vivir la vida plenamente.

Muchas veces la falta de bendición en nuestra vida se debe a que no estamos viviendo la vida que amamos, sino más bien estamos viviendo al vida que se espera de nosotros.

Hay que recuperar el paso de nuestra vida. Si vives la vida que amas encontraras en ella refugio y bendición. La coherencia convoca hacía nosotros la sabiduría de un universo justo, bueno y abundante.

Ten presente que sólo tienes una vida. No la desperdicies. Vívela intensamente. El espejismo de la seguridad es simplemente eso, un espejismo. La vida vale más que el falso sentido de seguridad que nos invita a vivir una existencia de mediocre letargo embruteciéndonos con todo un abanico de soluciones milagrosas que prometen hacernos olvidar quienes realmente somos.

No existe remedio exterior para nuestra soledad. Ni ir de compras, tomarse un trago, o embrutecerse frente a la tele es la solución. El que mata el tiempo se asesina a si mismo. Toma control de tu vida. Pero no a través del martirio de ejercicio de la fuerza de voluntad, sino a través de la dulzura de liberar la luz de tu conciencia. Confía. Tu alma conoce la geografía de tu destino. Déjate guiar. Y nunca te des por vencido.

Y esto me trae nuevamente al templo celta del cuerpo. Al desarrollo de los sentidos y a la celebración de vida a través de ellos.

Cuándo aprendemos a desarrollar nuestros sentidos ya no queremos escapar del mundo, sino vivirlo. Abrimos a través de ellos un diálogo con nuestra esencia más intima. Con nuestro ser más elevado. Con la mejor versión de nosotros mismos. Y esto embriaga, deleita, inspira y da fuerza.

Como comenté al principio, en la filosofía celta se cree que el cuerpo vive dentro del alma y John O’Donohue sugiere un ejercicio sencillo para ayudarnos a intimar con ella.

Va así.

El primer paso es visualizar tu alma a tu alrededor como un campo de energía que te envuelve de pequeñas partículas luminosa de color. Yo cuando hice el ejercicio vi como que cada partícula era más bien un diminuto angel de luz que agitaba alegremente su arco iris. Era espléndido. El segundo paso es respirar e imaginarte que al inhalar estas llevando esta luz a tu interior. Y el tercer paso es imaginarte que al exhalarla esta luz está expandiéndose en tu interior infundiendo en cada una de tus células su vibración de entusiasmo, haciéndote sonreír y sintiéndote ligero, alegre y positivo.

Yo creo que no hay coincidencias en la vida. Resulta que la palabra entusiasmo viene del vocablo griego que significa “Dios en ti”.

Entonces en conclusión, tu cuerpo es un templo y tus sentidos oración. Por lo tanto, te invito a practicar diariamente este sencillo ejercicio que te trae la conciencia y alegría de la presencia de Dios de tu exterior a tu interior y a través de ello enciende en ti el entusiasmo de vivir.

Ten un hermoso día y recuerda que tu eres grande y que la vida exige tu grandeza.

¡Veintitrés disparos de estrés al día! ¿Cómo remediarlos?

Veo a mi alrededor una epidemia de estrés. Muchos seres humanos bien intencionados están buscando como enfrentar este sentimiento de malestar a través de recetas tan variados como tomar pastillas, cambiar su dieta, hacer ejercicio e incluso tomar clases de yoga. Lo lamentable es que muchas veces todas estas acciones no generan los grandes resultados esperados. Y me pregunté ¿Por qué? Por lo tanto me di a la tarea de investigar y encontré algunos nuevos puntos de vista sobre el fundamento del estrés que se me hicieron sentidos y que por lo tanto me gustaría compartirlos contigo.

Pero primero un poco de historia.

Hace casi 100 años el Dr. Walter B. Cannon de la Escuela de Medicina de Universidad de Harvard descubre un mecanismo innato de supervivencia en cada uno de nosotros que hoy conocemos como el reflejo de “pelear o huir”. Resulta que cada vez que nos sentimos amenazados se echa a andar provocando varios cambios físicos y hormonales en nuestro cuerpo para ayudarnos a enfrentar el peligro y mejorar nuestra capacidad de pelear o huir para salvarnos la vida.

Todo esto estaba súper bien mientras las amenazas en contra nuestra vida eran reales y esporádicas. Sin embargo, con el avenir de la vida moderna se estima que se estimula en nosotros el reflejo de “pelear o huir” unas veintitrés veces por día. Así es, veintitrés veces al día y esto no es nada bueno y es la base de lo que llamamos estrés.

Ahora, a lo largo de 3,800 millones de años de evolución la vida ha creado una serie de mecanismos compensatorios para que el cuerpo pueda recuperar su estado habitual de equilibrio y salud después de los disparos de adrenalina que genera el reflejo de “pelear o huir”. Y es en los años setentas cuando otro doctor de la Universidad de Harvard, llamado Herbert Benson lo descubre y lo llama la “respuesta de relajación”.

Realmente la naturaleza es extraordinariamente eficiente. Cuando se trata de un asunto de vida o muerte el cuerpo suprime todas las funciones que considera no indispensables. Entre estas están las funciones de nuestro sistema imuniológico que considera que no son prioritarias si de lo que se trata es de ayudarnos para pelear o huir por nuestra vida, y concentra toda su atención en darnos una gran inyección de adrenalina y fuerza para enfrentar el peligro eminente.

El asunto es que en la actualidad nuestra vida no está constantemente en peligro mortal y son todos estos veintitrés mini disparos de adrenalina diarios generados por el estrés que hay que aprender a controlar, antes de que sean ellos los que nos maten.

La belleza del descubrimiento del Dr. Benson es que nos enseña que dentro de cada uno de nosotros existe un botiquín de poderosos químicos que conforman la mejor medicina del mundo. Esta es capaz de repararnos a nosotros mismos, después de cualquier acontecimiento traumático. Tú y yo tenemos en nuestro cuerpo la medicina precisa para curarnos aun de los padecimientos más severos. Por ejemplo, todos los días generamos células cancerígenas y nuestro sistema inmunológico libera automáticamente los químicos precisos para rápidamente neutralizarlas.

El problema con el estrés de la vida moderna es no nos da tregua y el reflejo de “pelear o huir” se la pasa suprimiendo nuestro sistema inmunológico lo cual permite que cosas como estas células malignas se propaguen sin control. Por lo tanto para recuperar la salud tenemos que aprender a echar mano de la “respuesta de relajación” y ayudar a nuestro cuerpo a estar en un estado óptimo de salud.

El asunto es aprender a realmente escuchar a nuestro cuerpo.

Se nos ha enseñado a ver el cuerpo cómo algo casi ajeno a nosotros, sobre el cual no tenemos mucho control y que cuando empieza con sus achaques hay que ir a ver al doctor para que él o ella nos de la “receta mágica” para volver a estar bien. Si vamos con un medico tradicional nos prescribe algún medicamento o en caso extremo una operación. Y si vamos con un médico naturista nos receta dietas y ejercicio.

Sin embargo los últimos hallazgos científicos han encontrado que el manejo del estrés y de sus múltiples manifestaciones no es un proceso exclusivamente extrínseco sino también intrínseco. Esto es, no es algo que se soluciona simplemente de afuera hacía dentro tomando pastillas, cambiando nuestra dieta, haciendo ejercicio o practicando yoga, sino que es algo que también requiere solucionarse desde adentro hacía afuera a través de lo que llamaré “la mente medicinal” que opera la relación cuerpo-mente.

Resulta que todos los medicamentos, dietas y ejercicios del mundo no nos curarán si nuestra mente no está bien. Específicamente, además de un cuerpo sano hay que tener una mente sana y si existe algo que nos está causando un malestar emocional, pues entonces hay que enfrentarlo y resolverlo para alcanzar un auténtico estado de salud. ¿Suena lógico verdad?

El cuerpo no es simplemente una manifestación de lo que hacemos, sino sobretodo el cuerpo es una manifestación de lo que sentimos, pensamos, creemos. Para ser realmente saludables hay que alcanzar el delicado balance de cuerpo, mente y alma, que es algo profundamente personal. Se trata de aprender a fomentar la “respuesta de relajación” inherente en nuestro cuerpo y permitirle hacer su trabajo reparador.

Por lo tanto es importante entender que la relajación mental es tan o más importante que comer bien, dormir bien y hacer ejercicio. Me explico. Si estás en una relación tóxica, en un trabajo que atenta en contra de tu dignidad o te sientes vacío, no importa que tan saludable sea tu dieta, que tanto ejercicio hagas, si duermes tus ocho horas, o si sabes pararte de cabeza, tu cuerpo se está envenenando con estrés. No hay pastilla que te pueda recetar un doctor para curarte. Tienes que tomar control de tu vida para sanar.

Esto es, tienes que fijar límites, vivir de acuerdo a tu verdad, rodearte de un sentido de amor y propósito, y dedicarle tiempo a lo que amas. En el fondo tienes que amarte, no simplemente cuidarte.

La coherencia es una receta que exige valentía. Si estás en una situación que te afecta tu felicidad, tu dignidad o tu sentido de propósito, todo el sentido falso de seguridad que te da permanecer igual no te va a ayudar. Hay que amarse lo suficiente para cambiar.

Si no tienes el coraje de enfrentar de un tajo la situación tóxica que te está consumiendo, empieza por fortalecer tu “respuesta de relajación” creando pequeños espacios para ti que poco a poco te irán fortaleciendo, dandole más sentido a tu vida . Por ejemplo medita. Pinta. Canta. Reza. Le biografías. Busca a gente positiva. Ve a un club de la risa. Despabílate. O aun mejor ayuda a alguien más.

En resumen, el estrés es un mecanismo natural del cuerpo que se dispara cuando nuestra mente percibe que nos encontramos en peligro. Para combatirlo hay que aprender a fomentar la “respuesta de relajación” que es el gran antídoto con el cual la naturaleza nos ha dado.

Una vida sana se compone de un cuerpo sano, una mente lúcida y un espíritu agradecido. Entre el 60% y 90% de todas las enfermedades son producto del estrés. Por lo tanto la respuesta a nuestros achaques no está en lo externo, sino en lo interno. Asume hoy la responsabilidad por tu bienestar. Recétate la dura medicina de que nada, ni nadie lo puede hacer por ti y reconoce que la naturaleza ya te ha dotado de todo lo que necesitas para alcanzar la felicidad.

Simplemente hay que quererse mucho, escuchar la voz de nuestra intuición, tomar decisiones sensatas y vivir de acuerdo a nuestra verdad.

Ten un gran día.