El complot detrás del sueño americano

En este podcast analizamos cómo se crea la sociedad de consumo norteamericana a principios del siglo XX  y el desenlace que esta teniendo en la actualidad sobre la felicidad del individuo y el desgaste al planeta. Aquí está la liga al podcast.

Transcipción

Pregunta: ¿Por qué es tan malas la formación básica en Estados Unidos y tan buen la educación universitaria?

  • Por falta de recursos.
  • Por una estrategia de manipulación de masas.
  • No es cierto, la formación básica en Estados Unidos es muy buena.

Respuesta: Se debe a una estrategia de manipulación de masas que yo denomino el complot detrás del sueño americano.

Para entender de lo que estoy hablando, remontémonos a 1915, a una reunión entre el hombre más rico del mundo en su momento el industrialista Andrew Carnegie y el Presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson.

El tema a tratar era cómo formar una gran masa de mano de obra calificada, barata y obediente y al mismo tiempo que fijaban las bases para una sociedad de consumo.

Específicamente, el industrialista Carnegie venía molesto y preocupado. Hace pocos días hubo un levantamiento obrero en una de sus plantas acerera, que requirió de la guardia nacional para someter. Él estaba convencido que el problema y la solución radicaba en la educación. Necesitaba trabajadores competentes, más no tan ilustrados como para cuestionar y exigir.

Y al Presidente Wilson, le preocupada la demanda. Él quería poner en marcha una estrategia de consumo para asegurar que todos los bienes que se fabricaban se vendieran y así se generara un “ciclo virtuoso” que asegurara el crecimiento de la economía.

Y en base a los deseos de estos dos hombres se  fijan los lineamientos para la educación nacional. Por un lado se fomentaría una educación masiva y gratuita para el pueblo, que le enseñara como desempeñar un trabajo mecánico, preciso y eficiente, más no se le formaría en ciencias humanas que lo podrían motivar a pensar, cuestionar y convertirse en un problema.

Por otro lado se formaría una pequeña élite de ejecutivos que tendría acceso a la mejor educación del mundo que les enseñaría a mandar, a discernir y a manipular.

La adoctrinación básica de las masas consistiría  en enseñarles a llegar a la hora, a seguir instrucciones, a no cuestionar, a obedecer, a memorizar, a pasar exámenes, a no hacerse notar, y a progresar al próximo nivel. Había que formar generalistas y asegurar un nivel uniforme de competencias. Había que crear recursos humanos que funcionaran como partes abundantes competentes e intercambiables de la gran máquina industrial.

Y habrán directores, supervisores e instructores que asegurar el acatamiento.

El hecho que el sistema educativo se parecía muchísimo al trabajo no era una coincidencia. Estaba fríamente calculado.

Y cómo fundamento rector para asegurar una formación rápida, profunda y eficiente se utilizaría el miedo. Se les enseñaría a temer al maestro, al tener pavor de no pasar el año, al evitar a toda costa ser ridiculizados por sus compañeros, al temer la ira de sus padres si llegaran a decepcionarlos, al evitar a toda costa el rechazo de la sociedad, y hasta de preocuparse del más allá, bajo la amenaza de que se irían al infierno si no trabajaban bien en la escuela.

El otro lado de la ecuación era la creación de una sociedad de consumo. Ya con una clase obrera obediente, ahora era necesario darle salida a todos los productos que estaban produciendo.

Hace 100 años los adolescentes sólo tenían un par un pantalones y las chicas no utilizaban maquillaje. No había una sociedad de consumo. Y luego en sólo dos generaciones la había. Las mentes más prodigiosas del momento fueron inducidas a estudiar el comportamiento humano y a basarse en sus instintos más básico, como el miedo, la envida y el sexo,  para a través de la estimulación del ego manipularlos a consumir. Y así nace la industria publicitaria que convence al ciudadano común a creer que el consumo es el fin último de la vida.

Y consumir se convierte en la moda. En la diversión. En la muestra del éxito. En la marca de poder. En la forma de escalar socialmente. Y en el cumplimiento del sueño americano. Dime que tienes y te diré quien eres, se vuelve el grito de guerra.

Quieres atraer al sexo opuesto, cómprate un convertible deportivo. Encontraste a la chica de tus sueños, el tamaño de tu amor se demuestra por el tamaño del diamante. Le fuiste infiel, no te preocupes, cómprale un regalo más caro. Te sientes deprimida, cómprate una pastilla. La diversión de la familia es ir de compras. Compra, compra, compra.

Y no olvides las fechas especiales para comprar regalos como Navidad y Reyes, día del amor y la amistad, día del niño, del maestro, de la secretaria, del bombero, del cartero y los que se acumulen. También, no te olvides de los cumpleaños, santos, y aniversarios. Y si no te diste cuenta, la moda cambia cada temporada. ¡Hay que estar a la moda! No te alcanza. No te preocupes, nosotros te prestamos. Compra, compra, compra. Endéudate, endéudate, endéudate.

Parecía el modelo perfecto. Salvo por un par de pequeños detalles.

La gente no está feliz y la tierra se está agotando.

Es que el consumo como fin es vacío. Lo que constituye nuestra grandeza como seres humanos es nuestra capacidad de dar amor, no cosas.

Además una omisión fundamental del modelo industrial es que no había tomado en cuenta que no se pueden tomar recursos naturales de la tierra mil veces más rápido de lo que ella se puede regenerar. La tierra es un delicado equilibrio del cual nosotros los ser humano dependemos. Por eso, la generación de un kilo de basura por día por persona, no es una buena idea.

El mundo exige una revisión a fondo del modelo. Ha llegado el momento de iniciar la segunda revolución industrial.

Para empezar hay que revisar el modelo educativo. El educar en base al miedo para crear empleados obedientes y consumidores empedernidos no es un modelo que va a formar a personas creativas, proactivas y felices.

La felicidad radica en el equilibrio y la conexión. En contribuir a algo más grande que nosotros. En ver florecer la vida, y asegurar un futuro viable para los hijos de los hijos de nuestros hijos.

Y esto sólo lo vamos a conseguir al regresar a nuestros orígenes. A lo que es la grandeza del ser humano y su rol como el custodio y albacea de la naturaleza. Tenemos que educar para asumir nuestra responsabilidad como la especie más avanzada y por lo tanto co-creadores con la naturaleza. Hay que aprender que los bienes son medios para crecer y no fines para enaltecer nuestro ego.

La grandeza del ser humano está en su capacidad de dar, de generar equilibrio y bienestar. Aquí radica la verdadera felicidad. Aquí radica nuestra auténtica humanidad.

Nota: El contenido de este programa fue inspirado por algo que lei en el nuevo libro de Seth Godin “Linchpin”. Te lo recomiendo.

Descubre por qué Zara diseña, fabrica, y vende ropa, mejor que nadie

En este podcast vemos el fascinante caso Zara. Y analizamos cómo está escribiendo las  reglas para competir en mundo de la moda, para convertirse en la cadena de venta de ropa al menudeo más grande, dinámica y rentable del mundo. Aquí está la liga al podcast.

Transcripción

Pregunta: Cuál es la cadena de venta de ropa al menudeo más grande, dinámica y rentable del mundo:

  1. Zara
  2. Gap
  3. H&M

Respuesta: Zara

Hoy quiero compartir contigo el fascinante caso Zara. Una empresa que está reescribiendo las reglas de cómo se diseña, fabrica y vende ropa, gracias a su enfoque al consumidor.

Para los que no conocen a Zara, es la empresa insignia del consorcio español Inditex que tiene bajo su paraguas, las marcas Zara, Zara Home, Zara Kids, Bershka, Pull and Bear, Massimo Dutti, Oysho, Stradivarius y las tiendas de accesorios de lujo Uterqüe, que por cierto, acaban de abrir su primer sucursal en México hace dos semanas, en centro comercial Antara.

Entonces, la pregunta es: ¿Qué  distingue a Zara de su competencia?

La distingue su modelo de negocio, conocido como moda rápida, que se adapta mejor que nadie a las preferencias del cliente. Ofrece moda actual, a un precio por debajo de la competencia, y con una calidad adecuada, para 10 puestas. Seguramente muchos se preguntarán, ¿no ofrecen todos lo mismo? Y la respuesta contundente en NO.

Primero, el tiempo de respuesta es totalmente diferente. Mientras la competencia se la pasa desarrollando desfiles de moda y tratando de imponer la moda, Zara crea un modelo flexible que responde a las expectativas del mercado.

El modelo tradicional a través de desfiles de moda, opera bajo largos ciclos de investigación y desarrollo que tardan entre 6 a 9 meses. Esto es, entre que se diseña la prenda, se exhibe en la pasarela, se hace la apuesta de lo que pegará en la próxima temporada, se fabrica y se distribuyen las prendas a las tiendas, pasan por lo menos medio año. Mientras Zara puede percatarse de lo que le interesa al mercado y fabricar e introducir un nuevo diseño en sus tiendas en sólo dos a tres semanas.

Esto conlleva a un modelo de negocio totalmente diferente.

Déjame darte algunas cifras:

Los clientes de Zara visitan la tienda en promedio 17 veces por año, mientras que los clientes de su competencia visitan la tienda sólo de 3 a 4 veces por año. Escuchaste bien. 17 veces en relación a 3 a 4. Estamos hablando de más de 4 veces el tráfico per cápita por tienda. Wow.

Por otro lado la gente que va a la tienda Zara van para comprar, porque Zara ha creado una estrategia de tener pocas existencias de cada pieza en la tienda, generando así una alta rotación, gracias a una sensación de escasez, que motiva a la gente a comprar lo que les gusta en el momento. Esto lleva a Zara a manejar más de 11,000 modelos por año, en relación de los 2,000 a 4,000 modelos que maneja su competencia.

Otro factor que incentiva la vista frecuente y la compra inmediata, es que a diferencia de la competencia que utilizan parte del local como almacén, haciendo al cliente sentir que no hay urgencia para comprar, Zara aprovecha todo el espacio de piso para exhibición y venta, resurtiendo sus más de 4,000 tiendas alrededor del mundo, dos veces por semana con nueva mercancía.

Esto nos lleva a una modelo comercial totalmente diferente. Mientras que la competencia está tratando de adivinar e imponer la moda a través de grandes desfiles, de grandes diseñadores, respaldados por grandes presupuestos de publicidad, Zara por su lado no participa de este mundo. No crea moda para ser exhibida a la élite de la moda y esperando que ellos y ellas definan la temporada. Y tampoco gastan grandes sumas en publicidad.

Específicamente, Zara invierte el 0.3% de sus ventas en medios, mientras que su competencia gasta entre el 3 y el 4%. Y en vez tratar de inventar e imponer la moda, ellos observan lo que está pasando en las pasarelas, en las calles, en las universidades, en los antros, y en los medios, al mismo tiempo que ponen mucha atención a lo pide y compra su cliente, en sus tiendas.

En base a este conocimiento han creado un motor comercial sin precedentes en el mundo de la moda.

A diferencia de sus competidores que empeñan su futuro en base al mecanismo tradicional de tratar de imponer la moda, Zara posee un modelo rápido y flexible, que responde a las preferencia del consumidor a toda velocidad.

Mientras que la competencia, le apuesta a sus decisiones, fabricando entre el 85% y el 100% de lo que esperan vender durante toda la temporada y surtiendo grandes cantidades de mercancía a sus tiendas, Zara apenas compromete el 15% de sus inventarios al inicio de la temporada, permitiéndose una extraordinaria flexibilidad, para ir ajustando sus inventarios y modificando su oferta de moda, en tiempo real, de acuerdo a las preferencias de los clientes.

Si una prenda pega, en menos de dos semanas hay nuevas variantes sobre el modelo ganador en la tienda. Si un modelo no funciona, el gerente tiene el incentivo para deshacerse de él de inmediato y la fabrica utiliza la tela que queda para introducir un nuevo patrón.

Esto conlleva a niveles de eficiencia sin precedentes en esta industria. Dónde la tasa de fracaso de nuevos modelos, que introducen las grandes marcas, son en promedio del 10%, la taza de fracaso de nuevos modelos Zara, es inferior al 1%. Y esto se traduce en poder vender más prendas a precio completo.

Resulta que el modelo tradicional termina vendiendo el 40% de sus prendas con algún tipo de descuento e incluso muchas terminan rematadas en los “outlets”. Mientras que en el caso de Zara menos del 15% de las prendas son vendidas con descuento.

En conclusión, ahora que inicia un nuevo año, hay que volver a enfocarnos en lo esencial. El clientes es la razón de ser de toda empresa. Y Zara es una ejemplo a seguir, no únicamente en el mundo de la moda, sino para todos nosotros que tenemos negocios. Les invito a inspirarte en este caso y dedicarle un poco de tiempo durante este inicio de año, a pensar en cómo innovar y crear un mejor modelo de negocio, que te permita responder más rápidamente a los deseo, preferencias y necesidades de tus queridos clientes.

Te deseo un extraordinario 2010.